miércoles, 19 de mayo de 2010

Demostrando el cambio

Curiosamente ayer, o mejor dicho hace unas horas, descubrí los límites de mi maldad. Porque una cosa es ser malvada y zorra, y otra muy diferente es ser zorra, víbora y puta.

La historia:

Me encontraba cómodamente bañándome cuando mi hermana menor me aviso de que tenía visita. 

- ¿Quién es? - pregunte desde el baño

- "Fulano de tal" - (Omitiré el nombre por respeto) 

- Me estoy bañando – (¬¬ si lo sé… pero lo grite para que me alcanzara a escuchar Fulano), creí que se había ido y seguí disfrutando de un largo baño, (estaba haciendo calor y no me quería salir de la regadera) mientras, pensaba en mi extraña relación con Fulano.

Fulano es un amigo con el que compartí mi último año en la primaria, es decir cuando tenía 11 años, y él estaba "profundamente" enamorado de mí pero yo de él no. Cuando nos separamos, en la secundaria, no nos vimos mucho y cuando nos vimos de nuevo me di cuenta de que me gustaba, pero él tenía novia, así que seguimos como amigos.

Dejamos de frecuentarnos y luego de un tiempo (un año o dos) volvimos a frecuentarnos por casualidades del destino. Fue cuando descubrí que seguía gustándome y un poco más, era mi "obsesión" (a falta de una palabra mejor) de adolescente. Tanto así que con mis tiernos 13 o tal vez 14 años de edad yo estaba completamente convencida de que si no perdía la virginidad con él me convertiría en monja (Lo sé, da risa).

Los años pasaron, los novios y las experiencias también. Cuando nos volvimos a ver yo tenía tal vez 17 años y mi obsesión estaba más que olvidada. Platicamos a gusto y volvimos a retomar la amistad "pura y sincera".

Él tenía una relación semi-seria... yo estaba ocupada divirtiéndome y viviendo mi vida como para preocuparme por algo.

Nos volvimos a "separar" un par de años más; sin embargo cuando nos veíamos, en algún lugar, siempre existía este tipo de coqueteo entre nosotros que no me permitía olvidarlo por completo, hasta que un día me lo encontré en un bar.

Lo salude y me dijo con una sonrisa de oreja a oreja: ¿Recuerdas a Liz?, nos casamos, así que felicítame, pero primero deja que te presente formalmente a mi esposa. Creí, obviamente, que bromeaba, pero cuando vi a la novia (que yo ya conocía y que para colmo se llamaba igual que yo) con la que mantenía una relación semi- seria y me sonrió me di cuenta de que era totalmente cierto.

Al principio me cayó como balde de agua fría, pero me compuse, le sonreí y los felicite cordialmente. Por suerte ahí tenia a mis amigos los cuales fueron a mi rescate al ver mi sonrisa congelada en el rostro (una que daba miedo, de tipo guasón) y me sacaron de ese bar alegando asuntos "importantes" que resolver.

Ciertamente no sentía un fuerte sentimiento hacia Fulano, pero aún así, me choqueo. En aquel entonces tenía 20 años, creo. Y él también, ya que somos de la misma edad, y hasta del mismo mes. 

Como sea, el destino nos volvió a separar y esta vez de una manera, a mi punto de vista, definitiva. Soy de las personas que raramente mantiene una amistad con "personas casadas" y menos aún si son hombres. Me da una especie de miedo que mi naturaleza "malévola" vaya a salir en esos casos (como ya lo ha hecho antes).

Fulano y yo nos encontramos varias veces cuando me enteré del embarazo de su esposa, pero la verdad es que eran encuentros "sin sustancia".

Casi un año después, él se encontraba en proceso de divorcio y salimos a platicar un día, pues yo comprendía que necesitaba de una amiga con la cuál charlar sobre sus problemas matrimoniales.

Mi sorpresa fue que en lugar de hablar sobre eso, terminamos en un café recordando nuestros tiempos de adolescentes cuando coqueteábamos pero nunca nos animamos a nada.

Él me confesó ese día que “nunca me dejaste de gustar pero conforme pasaba el tiempo me enamoraba cada vez más de ti, y tu, como siempre, te la pasabas con esa coraza de hierro protegiendo tu corazón y nunca me permitiste que entrara, así que mejor la deje por la paz” (lo cito textual).

Me reí por sus palabras y se molesto mucho, me reprocho que siempre me tomaba todo lo que él decía a modo de broma, me disculpe al ver que verdaderamente le afectaba y para reparar un poco la, a mi punto de vista, humillación, le conté que era mi obsesión de niña. Y también, sobre mis planes, de aquel entonces, de perder la virginidad con él.

Como era de esperarse los dos soltamos la carcajada al sentirnos tontos, al “querernos” tanto y nunca animarnos a nada, pero es que, éramos “niños” le dije y él me dio la razón.

De un momento a otro se quedo serio, se me quedo viendo y me dijo: “Ahora ya no somos niños” y fue cuando me hizo la proposición indecorosa.

No me sorprendió, ni me asusto. De hecho, para ser sincera me halago, pero había algo dentro de mí que no me dejaba aceptar, aún a pesar de que se estaba divorciando y que, ciertamente, me seguía gustando mucho. Así que decline su oferta cortésmente y para aliviar la tensión que se había creado comencé a con él al respecto. Así quedo y nos despedimos como buenos amigos.

Cuando le conté a un amigo muy cercano sobre Fulano, me regañó y me dijo: Te has acostado con peores: con casados, solteros y divorciados, con cuanto baboso se te pone enfrente y te habla bonito sin que te importen los demás y lo que diga la gente… ¿y no te quieres acostar con el que te gusta? Esas oportunidades no se dejan pasar. De verdad que no te entiendo mujer.

Ciertamente, yo tampoco entendia.

Nos dejamos de ver, otra vez, buen rato. Yo seguí con mi vida y él con la suya. Hace poco más de un año o tal vez menos, me enteré de que al final no se divorcio y sigue casado con mi “tocaya”. Y también que entro al ejército nacional. Dos cosas que, la verdad, me sorprendieron bastante. Fulano siempre fue un rebelde, un metalero, con un poco de punk  (hasta tenia piercing en la nariz, la lengua, la ceja y la oreja) de esos hombres a los que no les va eso de ser “FUERTES, FORNIDOS Y FORMALES” o tan rigidos y responsables como el ejercito “requiere”.

Desde entonces manteníamos una amistad, superficial. Solo nos veíamos de vez en cuando y de “larga distancia”. Ni yo me le acercaba, ni él a mí. Y mucho menos si su esposa y su hermosa bebe estaban cerca.

Pensaba en todo esto mientras seguía bañándome cuando escuche su voz muy cerca del baño que decía: “¡Todavía no terminas de bañarte!”. Me sorprendí y solo puede responder: “¿Me estas esperando?”

- ¡¡Que ganas tienes de verme!! Claro que te estoy esperando, apúrate, mientras estoy platicando con tu mamá.

Me dio risa. Mi mamá y él siempre se llevaron muy bien. Fulano es una de esas pocas personas que hacen reír a mi mamá y disfrutan de su compañía.

Cuando finalmente salí a su encuentro, aun con el cabello mojado y estilando nos dimos un largo abrazo, y mi mamá y mi hermana menor entraron a la casa dándonos privacidad.

Comenzamos una plática muy amena de reconocimiento mutuo (¿que has hecho? ¿como has estado? ¿cuanto tiempo te quedas? ¿que planes tienes?).

Supe, de boca de él, que seguía casado, pero no tenía una  relación con su esposa, que no se divorcio por asuntos de índole “social” pero que llego a un acuerdo con Liz. Ella le permitía que estando fuera del estado, se la pasara con otras, siempre y cuando  nadie (de la familia) supiera. Es decir, estar divorciados, pero sin el papel que lo avala.

(Me pareció estúpido y se lo hice saber).

Pero que, aún así, era un padre responsable y que a su hija nunca le faltaba nada y que parte del motivo por el que no formalizaba el divorcio era porque perdería la custodia y no tenía tiempo de estar en batallas legales.

- Además –me dijo- me la paso todo el año fuera viajando por todo el país, solo hablo por teléfono para ver como esta mi hija y saber si necesita algo, así que no es gran sacrificio el estar un mes (lo que le dan de vacaciones) con ella (refiriéndose a su esposa).

-Aún así me parece tonto… pero bueno, muy tu vida.

Cambiamos de tema y no supe de que manera llegamos a hablar sobre aquel día en el café.

Bromeamos al respecto. Y me volvió a hacer la propuesta. Y esta vez, en lugar de declinarla inmediatamente, le sonreí y comencé a jugar “pícaramente” sobre el tema.

- Si weee, pero ¿y dónde?, no puede ser aquí en el “pueblo” porque casi todos nos conocen… –le dije de manera confidencial y semi-bromeando.

- No te preocupes por eso, nos vamos en la moto a un baldío que conozco, pero lo malo es que nos van a matar los zancudos. – respondió también bromeando.

- Ni madres, ¿que tal si nos da Dengue? Mejor piensa en otra cosa… – y me reí estrepitosamente porque nos asusto mi mamá y mi hermana menor cuando salían de la casa.

Se despidieron de nosotros y se fueron dejando la casa completamente sola. Fulano vio esto y comenzó a bromear sobre “la casa sola” hasta que cayo en cuenta y comenzó a preguntarme por mis otras dos hermanas. Le conté brevemente sobre la uva y después entramos en el tema de Voldemort.

Al saber sobre la situación y ver de qué manera me afectaba comenzó a bromear otra vez sobre nosotros. Y me hizo reír cuando dijo:

- Mira, haz de cuenta que pierdes la memoria: Tú eres virgen y yo no estoy casado… ¿va? –y me tomo la mano.

- Solo puedo decirte que necesitas llamarte José para que yo te haga caso... y aún así no te aseguro nada. –

- Bueno pues… ¿entonces quieres ser Magdalena?

- ¿¡La puta!?… ¡¡¡JAMÁS!! –le dije exageradamente.

Nos reímos bastante con mi broma. Pero cuando recuperamos la compostura me dijo:

- Ya en serio Lizbeth, neta que sueño el estar contigo, te juro que soñé, cuando estuve en Nayarit, que estuve contigo… y… y pues para que te cuento… te vas a reír de mí, como siempre.

Le sonreí afectuosamente y le acaricie la cara. (Fulano es muy cachetón).

- Te juro, que si no fuera porque estas legalmente casado, ni me la pensaba, pero… ya no soy la misma de antes, y a ti te gusta el recuerdo de la que fui un día. Si de verdad me conocieras, te apuesto que, tal vez, ni me saludarías.

- ¿Tanto?… Neeee… si, acepto que has cambiado, pero sigues siendo aquella Lizbeth de la que me enamoré en la primaria, que en la secundaria y la preparatoria nunca me dejo quererla bien… aquella con la que tengo asuntos pendientes desde hace casi dos años … y aquella que termina bateándome bien bonito y sigo como baboso tras ella cada vez que vengo a Ocotlán.

- Jajajaja… Gracias… de verdad… pero no. Simplemente no puedo.

- Ps ni pedo... ya que… – dijo semi agüitado – buscaré entonces a tu hermanita… y la acosaré… de todas maneras se parece a ti.

Lo golpeé en el hombro y lo amenacé si se le acercaba a mi hermana. Seguimos “jugueteando” hasta que dijo que se tenía que ir.

Comenzó a apearse en su motocicleta y se despidió de mí, no sin antes robarme un beso.

No me molesté, y para ser sincera me hubiera gustado que durara más, pero supongo que un beso robado dura lo que tiene que durar.

Festejó su “logro” y dijo con una sonrisa de oreja a oreja:

-No me iba a quedar con las ganas esta vez. Nos vemos luego. Adiós.

Y se fue con el sonido atronador de su motocicleta.

Me reí para mí misma y entre en la casa con un cálido sentimiento de agradecimiento, halago y nostalgia.

Pero con una sonrisa en mi rostro por saber que un amigo del pasado aún guarda “tiernos y lujuriosos” sentimientos hacia mí.

Y también porque ahora estoy segura de que lo que publiqué en la entrada pasada no fue por un momento de arrebatador de arranque  positivista y fiereza. Si no porque he recuperado el control de mi misma.

Porque una cosa es ser malévola, zorra y coqueta... y otra muy diferente es ser una víbora y puta.

 

Nos estamos viendo.

 

Liz ;D

6 comentarios:

  1. No sé porque, me hiciste recordar viejos tiempos, muy viejos tiempos con un alguien... y nuevos porque no, con otro alguien, con ese alguien que siempre ha estado ahí y yo simplemente no quiero, y leyendo esto, me dí cuenta el porque no, porque siempre lo rechazo, y es que simplemente no me gusta lastimar a la gente, YA NO ME GUSTA... varios me conocen desde hace tiempo, y también, se les podría hacer cuasi imposible o increible mi cambio... eso si, creo fielmente que SOY MEJOR PERSONA XD!!!

    ResponderEliminar
  2. Por una parte te felicito, tu autocontrol es admirable (e incluso envidiable) porque tú eres la prueba de que no somos animalitos nomás sino seres inteligentes.

    Por otra parte, chingon blog!

    ResponderEliminar
  3. Jajajajajajaja ¡¡¡lo sé Diana!!!

    Aunque nadie nos crea, nosotros sabemos que muy en el fondo siempre hemos sido BUENAS PERSONAS...y que HOY somos mejores que antes... aunque muy a nuestro modo.

    Un beso Nena!!!

    ResponderEliminar
  4. Oo? ¡Ah vaya! Ps muchas gracias ¿anónimo?. No lo había considerado de esa manera. Gracias por leerme. Un beso.

    ResponderEliminar
  5. Quizás ni tan anónimo.

    En realidad soy casado y en un punto me reencontré con una vieja, amiga de la universidad que me tuvo así como tuviste al fulano. Platicamos y le conté que estaba casado y ella me felicitó, después de alguna extraña forma salieron los recuerdos y ella mencionó que después de que le dejé de hablar empezó a sentir algo por mi y obviamente me movió el tapete.

    Para no hacer largo el cuento lo hicimos, después me arrepentí porque yo sí amaba a mi esposa, la fulana me dijo que me amaba pero yo a ella no, como que me quiso amenazarme con decirselo a mi esposa pero le dije que ya se lo había contado (mentira por supuesto) y ahí terminó el asunto.

    ResponderEliminar
  6. Jajajajaja ahora entiendo.

    ¡Vaya WD5! Si que es curioso todo esto de los "reencuentros" ¿no?... pero la verdad es que de no ser porque Fulano y yo llevamos una amistad muchísimo tiempo (claro con un ligero coqueteo inocente) y un sentimiento más (al menos de mi parte) pienso que las cosas hubieran sido muuuuuy diferentes a como pasaron... y muy parecidas a tu historia.

    Tal vez, si me anime, en un futuro cuente otra (una de tantas) historia que se parece más a la tuya.

    Gracias por leerme y espero verte por aquí cerca.

    Un beso.

    ResponderEliminar

¡¡sueltalo!!